viernes, 16 de enero de 2009

De vacas y taxis

AOG, Madrid

Madrid acaba de inaugurar la exposición Cow Parade que ha dado la vuelta a media Europa.

Hoy cogí un taxi cuyo conductor se mostró indignado, a su manera, ante la representación bovina del símbolo de la Villa y Corte- el oso y el madroño-, que vimos al pasar la plaza de Colón esquina con Goya.

"¿Pero dónde se ha visto una vaca comiendo de un madroño?", se preguntaba y a la vez acusaba el señor taxista.

Yo veía más curioso la vaca erguida y vestida de torero (¡ironía fina!) que estaba a su lado.

Veamos, no sé si alguna vez en la historia universal de las rumiantes, alguna de ellas se vio en la posición o necesidad de tener que comer la fruta de un madroño. Diría que hay más probabilidades de que eso haya ocurrido alguna vez que de que una vaca se vista de torera, se ponga en pie, y toree con capea y todo.

El señor taxista esto no lo veía. Veía la incongruencia contra natura de una vaca apoyada en un madroño.

Al ver que no le respondía a sus preguntas, y esperando que yo le dijese algo, me hizo una pregunta directa: “¿Usted ha visto eso alguna vez?

El arte es así. Nos hace pensar”. Mi respuesta no fue brillante, pero es lo único que se me ocurría dado mi nivel de interés en la vaca en sí y su verisimilitud.

En todo Recoletos y la Castellana plantaron madroños, que nunca han florecido. Jamás. Están ahí desde 1983”, me contó segundos después.

¿No lo hacen por la polución?

Ha de ser eso”. “Además, los coches han ido arrancándolos con los años, y ya no quedan”.

Bueno, ¿no florecen porque hay polución o porque no quedan?

La actitud de este señor me pareció un reflejo del poco gusto que la sociedad española ha mostrado hacia los temas de fantasía en general, tanto en la literatura (sobre todo), como en el arte.

Siempre me ha parecido curioso como los países del Norte de Europa, e Hispanoamérica, son muy dados a permitir un cierto nivel de fantasía en su cultura, mientras que en España, todo lo que huela a hada, elfo, espíritu, conjuro o pócima no está bien visto.

Algo curioso para un país inmerso en los designios celestiales de la iglesia Católica desde hace siglos, con sus vírgenes voladoras, sus estigmatas, apariciones y sus santos milagreros.

¿Será una cuestión de acreditación? Es decir, si eres santo, o algo por el estilo, y tienes visiones de algo, o la virgen se te aparece en el bocadillo de salchichón, entonces es verídico.

Pero si estás tomando una sopa de fideos y en vez de la virgen, se te aparece un hada con sus alitas y polvitos mágicos, de alguna manera, no está permitido ni aceptado porque, ¿dónde se ha visto eso? ¡que un hada se apareció en la nevera!

Eso es una locura.

Pero si se te aparece Santa Teresa de Ávila en el iPhone, entonces sí, porque ella, claro, es quien es.

Tiene los papeles en regla, como buena santa aprobada hace siglos por el Papa en Roma quien verificó en su momento todos sus milagros, estigmatas, visiones y demás pruebas de santidad humana en la tierra.

No se pueden comparar un santo cristiano con un ser de fábula.

No es lo mismo, se mire como se mire y se rece como se rece.

Un elfo, después de todo, no tiene DNI, no ha hecho milagro conocido, y no aparece en la Biblia.

Es cierto que Cristo nunca habló de los gnomos y los elfos.

Igual si lo hubiese hecho la iglesia Cristiana sería otra cosa.

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