miércoles, 1 de septiembre de 2010

El tinglado del casado

AOG, Madrid

Ayer fui testigo de algo muy curioso en una cafetería madrileña. 

A mi izquierda estaba sito un chico  con camiseta verda y pantalones cortos modernillos leyendo El País y tomando un café cuando de repente, a su lado se sentó un hombre unos diez o 15 años mayor que él.

En menos de un minuto, el cazador se puso a hablar con la presa. La presa, remolona, o quizá pánfila, hablaba dando largas y con respuestas cortas. 
La música sonaba algo alta y yo no estaba demasiado cerca como para escuchar.

Durante un buen tiempo no me percaté del todo de lo que pasaba hasta que, en un abrir y cerrar de ojos, tras dejar atrás el amago de leer el diario Público que no había comprado y obviar el que no había consumido ni adquirido nada en el recinto en cuestión -y había entrado directo como una flecha-, el cazador lo cerró de golpe y acercó su nalga derecha hacia la cadera izquierda de la presa. 

Movimiento casi imperceptible por su parte. Como la araña que se mueve por su red sin que la mosca sienta vibración alguna.

Siguieron hablando. 

La presa cada vez más ingenua, o al menos eso creía yo, y el cazador cada vez más habil. 

Tras un buen rato hablando, el cazador consiguió que la presa cerrara el periódico y le prestara más atención. La conversación era absurda. 

La araña gesticulaba y se reía sola, ansiosa de que la mosca no le viese las fauces ni las intenciones. La mosca reía y miraba al horizonte, como la cabra que va a ser degollada y se ha hecho a la idea. Innerte y pasiva.

Poco a poco, el cazador se fue acercando con todo su ser hacia el cazado. Le arrinconó y puso su brazo por detrás de la espalda del otro. Siguió riendo.

Torció el cuerpo y subió la rodilla doblada un poco hacia el asiento para lograr tocar, como quien no quiere la cosa, el muslo del mancebo. 

El mancebo, como los conejos que se quedan petrificados cuando el coche los deslumbra con los faros, estaba cada vez más inmovil.

Cuando el cazador cruzaba su vista con la mía, la mirada era grosera; no le gustaba estar al descubierto.

El plan era transparente, y la ejecución, aunque maestral, no dejaba de ser la antítesis de la elegancia.

Al final, la araña consiguió embaucar a la mosca y, de alguna manera embarazosa y tosca, obtuvo su teléfono móvil. En ese momento vi su mano izquierda y el anillo de casado que lucía en ella.

Entendí prisas, angustia y la ansiedad. 

Era el típico casado que quería ligar con alguien, pero no gozaba de mucho tiempo.

El cazado, de alguna manera, se dejó cazar, aunque el aspecto de uno y otro no era el de dos iguales. 

La mosca era, del uno al diez, un seis punto cinco. Quizá hasta un siete. 

La araña no pasaba de casado tres punto cero. No ya por el aspecto físico, sino por el vestir y su presentación. 

Pelo repeinado liso y grasientillo; camisa de rayas blancuzca y algo desteñida; pantalones de vestir azul marino de corte antiguo. Prefiero ni mencionar el calzado.

Con el botín telefónico grabado en el bolsillo, el cazador se levantó y se marchó apresuradamente.

A los pocos minutos, la presa hizo lo mismo.

Como quien no quiere la cosa.

5 comentarios:

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


TE SIGO TU BLOG




CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...


AFECTUOSAMENTE
VIDE SUPER

ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER Y CHOCOLATE.

José
Ramón...

Saúl dijo...

La desfachatez para ligar a cualquier costa es algo que en lo particular me desagrada.
Yo creo que un chico de 7 puntos no se iría con otro de 3 aunque este último le coma la oreja hasta el cansancio, sin haber algo a cambio.

Muchas veces he vivido experiencias similares. Hombres casados, hombres mayores con atuendo de teenegers y demás me han abordado diciéndome que soy el chico mas hermoso del planeta tierra, algo que no me creo por nada del mundo.

Yo creo que ellos no tienen nada que perder. El no ligar es algo que ya conocer y el ligar algo que le spuede resultar por ende su porcentaje de exito o fracaso es de un 50%, por tanto no les cuesta nada hacer el intento.

Me ha gustado mucho como has redactado la escena que te toco presenciar.
Saludos

Ynot dijo...

Gracias José Ramón.

Un saludo

Ynot dijo...

Muchas gracias Saúl, me agrada que te haya gustado el estilo de redacción. Me salió así, casi solito.

Y estoy de acuerdo contigo.

Un saludo

Olek dijo...

la verdad que muy interesante como escribes. interesante.