lunes, 3 de noviembre de 2008

Día, porteros y crisis 2008

AOG, Madrid

Desde hace unas semanas, me llevo encontrado en mi establecimiento Día, el cual dígase de paso, aborrezco, un señor africano que abre la puerta a la espera de que le den alguna propina.

En la otra mano el buen hombre sujeta un periódico, o revista, que nunca se empeña
en vender, prefiriendo la limosna (o el subsueldo del no-contratado para hacer eso pero que de todas maneras lo hace) que le van dejando los clientes y clientas del establecimiento.

Yo por mi parte, aunque me entristece verle, nunca le doy nada. Francamente no puedo pagar a un sujeta-puertas todos los días que voy al mercado. Pero no sólo eso. Yo puedo abrirme la puerta sólo. El buen hombre, sin embargo, ahí sigue. No se va. No importa que no le pague. Me sigue abriendo la puerta.

Ahora, sin embargo, creo que me sonríe. No una sonrisa graciosa. Más bien una sonrisa reprochona que hace las veces de “a ver si me das algo algún día, imbecil”.

Suelo contestar con una mirada a sus ojos tipo “entiendo tu situación, pero no te pienso pagar por un servicio no pedido aunque me trates de dar pena”.

Y el chico trata de dar pena. Quizá porque trata de dar pena, no me la da.

Le veo como una persona fuerte, hábil, seguramente inteligente, y para nada dudo en sus habilidades como trabajador, aunque sé que es dificil ser un africano en Madrid.

Sin embargo, el hecho de que ya tiene un oficio, por malo que sea, de vender prensa gratuita, o barata, o sin coste, me choca con su insistencia al pluriempleo en forma de abrepuertas. Curiosamente no me quiere vender un periódico nunca. Igual se lo compraba.

No soy nadie para juzgar, sin embargo, sí soy el principal administrador de mis ingresos. Y no veo su situación como la supina merecedora de mis céntimos limosneros. Más bien veo una cierta picaresca. No sé bien si adquirida o importada.

Hoy tuve que ir hasta la zona de Guzmán el Bueno para hacer una entrevista al director de la Cia. Al salir de ella me topé con la misma escena- un local del Día donde un señor abría las puertas. Mejor vestido que el de mi barrio, lo cual, a primera vista, me hizo preguntarme al principio si estaba abriendo la puerta a su mujer. Pero no. Le abría la puerta a cualquier persona.

No sé si era africano, porque se puede ser blanco y africano a la vez, pero me quedé muy sorprendido al verle. Él, sin embargo, no tiene un periódico en la mano izquierda que vender.

Creo que la crisis empieza a tocar los bolsillos de muchos.

3 comentarios:

Alberto dijo...

Yo también aborrezco el DIA...

alakazaam! dijo...

El otro señor con menos mala pinta es el del dia de mi esquina. X D



Vuelve cuando quieras por el vecindario...

Ynot dijo...

¿Y se conoce su procedencia? ¿Es nacional o importado?