lunes, 15 de marzo de 2010

Progresos

AOG, Madrid

Ha vuelto el sol. Desde hace un par de días, mis compañeros de oficina se alegran de que hace menos frío. Yo, como siempre, les recuerdo que cuando estemos asados vivos en verano, se acordarán del frío que ahora desprecian.

Es curioso que las personas seamos tan reacias a aceptar el clima. Siempre primamos el comfort sobre lo demás. Aún así, queremos ir al espacio. Me sorprende. 

¿No hay un dicho que dice que como en casa no se está en ninguna parte? 

Esto no importa, sin embargo, ya que desde hace varias décadas, viajar se ha convertido menos en una necesidad, y más en un lujo. Antes la gente viajaba por razones económicas o políticas. Hoy, por razones de ocio.

Antes, viajar era un engorro. Tenías que ir en barco, y el viaje duraba semanas, o meses. 

O si tenías que viajar por tierra, antes de los trenes solo había carros, carretas, diligencias o caballos. Sin embargo, hoy en día viajar sigue siendo un engorro si vas por avión. 

Cuando era pequeño, ir en avión tenía un cierto glamour que ha perdido desde entonces. Las compañías aéreas perfieren ganar más y más dinero (están en su derecho) y se olvidan de el trato al cliente (el nuestro).

 A esto lo llamamos progreso.

¿A esto lo llamamos progreso......? 

Hace unos días, en un aeropuerto cualquiera de aquellos a los que vuela Ryanair, tuve la mala suerte de presenciar el abuso de esa compañía hacia sus clientes. 

Salían rumbo a algún destino africano,  y una señora estaba tratando de acomodar sus pertenencias delante de toda la cola que abordaba para que la dichosa maleta cupiese en esa cesta de hierro en la que estás obligado a meterla para demostrar que puede ir a bordo.


La pobre mujer, apurada como estaba delante de su hijo, sacaba bragas, paños, camisas, cremas, todo lo que había metido horas antes, frente a una cola que la miraba con desdén y pena a la vez.

Pronto tuvo compañía cuando una pareja se puso a hacer lo mismo. Acabaron antes que ella, y tuvo la mala suerte de ser la última en subir a bordo. 

Todo esto acompañado de los comentarios prepotentes y nada simpáticos del personal.

¿Hay una solución? Diría que no. Hoy en día votamos con los pies, no el bolsillo y, francamente, parece que estamos tan acostumbrados al mal trato que el quejarse parece poco más que una pérdida de tiempo. 

¿Qué esperas si vuelas con una low-cost? me dicen mucho. Pues espero que me traten bien. Yo no puedo dictar el precio al que me venden el billete. Tanto si es caro, como si es barato, espero que me traten con algo de respeto. 

Más o menos lo que la empresa espera de los pasajeros: que no les insultemos; que tratemos con un mínimo de respeto a la tripulación; que seamos civilizados. Y todo esto a pesar de que ellos no lo son en la mayoría de los casos.


Quizá me estoy haciendo mayor pero parece que todo lo concerniente al trato con el público va a peor. 


Malos camareros, malas dependientas, malos azafatos (cuando no descaradamente groseros), malos profesores, malos clientes, malos policías, malos políticos. 


Quizá en mi infancia la situación era parecida. Quizá era peor. Pero la memoria me engaña entonces si creo que antes había más respeto en la sociedad.


¿Es esto una consecuencia del progreso científico-tecnológico-económico-social?

2 comentarios:

Silvi Rivoira dijo...

¿Será que "la vejez"(jaja) no es otra cosa que cambio de gustos?.Los malos tratos existieron siempre pero...lo que antes soportabas ahora no!.
Silvi

Ynot dijo...

Puede ser, Silvi, pero de pequeño no me gustaba cuando ocurría (fui un niño muy particular), pero recuerdo que pasaba menos. O al menos que ocurría en ciertos sitios, y en otros no. Es decir, en unos grandes almacenes, no solía haber gente mal educada (al menos eso recuerdo). Hoy día, ir a unos grandes almacenes suele significar que la dependienta de turno está hablando por teléfono con el marido, o la madre, o la amiga, o su hija, y que no te atenderá hasta que cuelgue. Y no colgará aunque estemos 5 personas esperando. Esto me pasa incesanemente.

También el viajar en avión era una señal segura de que no te iban a tratar mal o insultar (viajé mucho de pequeño con mis padres). Hoy en día, parece que hay un concurso para ver cual trata peor a sus pasajeros.

Puede ser la edad, pero quizá no. Quizá es que la educación, que ya antes había poca, ahora hay menos.