martes, 26 de enero de 2010

Al toro

AOG, Madrid


Podría decir que caminar por las calles españolas puede ser perjudicial para la salud. ¿La razón? La gente en este país suele caminar por la calle como si la calle estuviese vacía. No me atrevo a declarar que la gente piensa que la calle es suya, y por eso camina así. 

Pero es cierto que al igual que un capote rojo (que luego son fucsia) atrae al toro
(dicen que por el movimiento y no por el color), al menos en mi experiencia, el que yo vaya por la calle asegura que cualquier otro peatón se dirija hacia mí y se estrelle de la manera más tonta. 



A diario me doy codazos, hombrazos,  caderazos y demás choques corporeos con mis conciudadanos. 


Mientras que en otros países se respesta el espacio personal y la gente trata por todos los medios de no darse con nadie, aquí diría que ocurre lo contrario. 

La gente parece que sale a pasear dispuesta a estrellarse con cualquiera. 


Y ni hablar del "perdone usted" o el "disculpa". 

Brillan por su ausencia. 

Lo que sí no brilla es la cara de ultrajado que algunos de ellos ponen cuando se estrellan contigo. 

Y digo que se estrellan ellos porque yo, al menos eso creo, trato de no darme con nadie por la calle. Sobre todo porque los tengo ya muy calados a los peatones.

A lo mejor lo que ocurre es que en España la gente es incapaz de andar en línea recta. ¿Será eso? ¿Nos falta ese gen? 


Con la punta del zapato




Hace unos días estaba en una zapatería. 

Me paré a ver un par de zapatos, y detrás mío había un pequeño grupo de personas. 

De repente alguien quiso pasar entre nosotros y me dio tal empujón que por poco me voy al suelo. La señora en cuestión ni se inmutó. Con ella no iba la cosa.


Al ver mi cara de sorpresa, y tras escucharme decirle a la buena señora que hiciese el favor de tener un poco más de educación y que si quiere pasar, con que me pida permiso la dejaba pasar con todo el amor del mundo, el marido se disculpó por ella. 

Ella, me miró con cara de pereza y no se disculpaba. Lo que me indignó más todavía. y siguió la conversa-discusión.


El señor se volvio a disculpar, y añadió que no había que ponerse así. 

Y le dije que lo sentía mucho, pero que sí había que ponerse así, ya que en una sociedad civilizada, la gente no puede ir por la vida dando empujones para pasar. 


"Pero si ya le pedí disculpas"


"Sí, pero usted no es el maleducado, lo es su mujer, que todavía no ha dicho nada, y que es la que me empujó sin disculparse".

Como no soy un machista, no le solté un "a ver si la educa", que es lo que estaba pensando en ese momento. Pero mi educación me hizo que me mordiera la lengua. 

Por desgracia, el marido estaba mucho mejor educado que su mujer, y ella, francamente, estaba envuelta en varias capas de orgullo y vanidad. Y como todos sabemos, la gente orgullosa, suele ser también idiota. 

No entiendo el orgullo de empujar a los demás para pasar, y creo que todavía pocos piensan que el pedir disculpas -aunqué sé por experiencia propia que es dificil de hacer-, nos engrandece como personas.



A estas alturas, la señora se desentendía totalmente del tema y se probaba los zapatos como si nada. Como si el idiota fuese yo y mi estúpida queja.


El marido se fue a su lado y ambos me miraban como si yo tuviese la culpa de todo. Esto suele pasar mucho en este país. 

La culpa es de cualquiera menos mía.


Mea culpa



Hace tiempo que noté que mientras que en Inglaterra y EEUU la gente trata de resolver los problemas que van surgiendo día a día lo antes posible, en España se gasta demasiada energía discutiendo a ver quien tiene la culpa. 

Y mientras que todos discuten con todos, y se apuntan dedos a diestra y siniestra, el problema sigue intacto, cuando no empeora.


No entenderé nunca por qué es más importante el buscar el culpable que buscar la solución.

¿Será culpa de la educación y cultura católicas que aún invaden la vida en España?

Últimamente, cada vez que alguien se me echa encima por la calle, sobre todo al cruzar los semáforos, pienso que si llevara una cazadora con pinchos, o con cuchillos grandes y relucientes como armadura, igual la gente miraría más por donde iba.... o igual no lo harían. 

Se cortarían y me echarían la culpa a mí por llevar pinchos encima.


Confieso que es la idea más macabra que he tenido en lo que va de año.

2 comentarios:

Silvi Rivoira dijo...

Yo soy de la teoría que si todos aportamos un granito de arena...
Aunque tu granito de arena parezca insignificante es un gran aporte.
Es decir, no le pidas al que camina al lado tuyo en esas calles de Madrid,que pueden ser las de Buenos Aires, lo que quizas no puede o no sabe dar... por ignorancia.Concentraté en tu accionar en esas calles.Educa a tus hijos, a tu pareja ,al inmediato a caminar por la gran avenida y diles que eso tiene que ver "con el respeto al otro".Tene el "gracias" como el "disculpe" a flor de voz...
Se ejemplo y yo hago otro tanto y somos dos....y si se suman nuestras parejas, familias, ya omos 10...y vamos sumando.
Estos se llama acción!!!

Besos.

Silvi

Ynot dijo...

Tienes razón Silvi, un granito de arena puede ayudar si se suma a otros.

¡un abrazo!