AOG, Madrid
¿Qué me molesta del Diurno? Tantas cosas. Quizá ninguna. Es curioso como uno puede amar y odiar algo a la vez. Bueno, odiar, no odio el Diurno. De hecho, si no existiese, mi vida en este barrio madrileño sería distinta.
Ayer volví de Bilbao. Estuve menos de 48 horas. Lo primero que busqué a la luz del día fue un substituto al Diurno, si tuviese que vivir ahí.
No vi nada parecido. No vi sucedáneo hasta llegada la noche del primer día. Y entonces encontré un sitio que podría hacer las veces de, si tuviese que vivir en Bilbao.
¿Y por qué pienso esto? Por que siempre pienso en que me iré del sitio en donde estoy.
¿Y por qué pienso esto? Porque siempre acabo yéndome del sitio en donde estoy.
Al volver a Madrid, dejé la maleta en casa, cogí el Mac, y fui corriendo al Diurno. Y lo odié....(pero sólo un ratito).
Lleno de gente, de ruido. Todas las mesas ocupadas. Compré un café con leche (no digas café au lait que no te entienden) y un croissant con jamón y queso (¡moría de hambre!).
Estuve unas dos horas y media. Escribiendo acerca de mi reciente viaje a Japón.
Leyendo blogs nuevos que voy encontrando por ahí.
Meditando.
Y viendo lo que me rodeaba. Gente haciendo ruido. Gente que hablaba. Gente en compañía. Amigos con amigos; amigas con amigos; amantes. Desconocidos todos.
Y el único sólo, yo.
Al cabo de un rato, de muchos ratos, le gente empezó a dispersarse. Bajó el ruido. Disminuyó el bullicio. Empecé a perder el odio inicial. Ya me molestaba menos.
Tenía 55% de batería todavía en el Mac, pero estaba sin fuerzas para seguir escribiendo acerca de Japón. Tenía algo de sueño. De cansancio. Hasta de frío.
Miré a mi alrededor. Éramos pocos. Había mesas vacías por todas partes. Vacías y limpias. A mi derecha me percaté de la presencia de otro internauta/escritor, también con el Mac encendido.
Pensé en comprar otro café, pero pensé mejor en irme a casa.
En la calle hacía frío. Madrid y sus fríos húmedos de montaña en Otoñocasiinvierno.
Al llegar a casa, leí un rato el libro de cuentos de Alejandro Jodorowsky que me acompañó hasta Bilbao, y volvió sin ser abierto más que 10 minutos antes de aterrizar en Barajas.
Todavía pienso en el relato del monarca, la esclava y el herrero.

No vi nada parecido. No vi sucedáneo hasta llegada la noche del primer día. Y entonces encontré un sitio que podría hacer las veces de, si tuviese que vivir en Bilbao.
¿Y por qué pienso esto? Por que siempre pienso en que me iré del sitio en donde estoy.
¿Y por qué pienso esto? Porque siempre acabo yéndome del sitio en donde estoy.
Al volver a Madrid, dejé la maleta en casa, cogí el Mac, y fui corriendo al Diurno. Y lo odié....(pero sólo un ratito).
Lleno de gente, de ruido. Todas las mesas ocupadas. Compré un café con leche (no digas café au lait que no te entienden) y un croissant con jamón y queso (¡moría de hambre!).
Estuve unas dos horas y media. Escribiendo acerca de mi reciente viaje a Japón.
Leyendo blogs nuevos que voy encontrando por ahí.
Meditando.
Y viendo lo que me rodeaba. Gente haciendo ruido. Gente que hablaba. Gente en compañía. Amigos con amigos; amigas con amigos; amantes. Desconocidos todos.
Y el único sólo, yo.
Al cabo de un rato, de muchos ratos, le gente empezó a dispersarse. Bajó el ruido. Disminuyó el bullicio. Empecé a perder el odio inicial. Ya me molestaba menos.
Tenía 55% de batería todavía en el Mac, pero estaba sin fuerzas para seguir escribiendo acerca de Japón. Tenía algo de sueño. De cansancio. Hasta de frío.
Miré a mi alrededor. Éramos pocos. Había mesas vacías por todas partes. Vacías y limpias. A mi derecha me percaté de la presencia de otro internauta/escritor, también con el Mac encendido.
Pensé en comprar otro café, pero pensé mejor en irme a casa.
En la calle hacía frío. Madrid y sus fríos húmedos de montaña en Otoñocasiinvierno.
Al llegar a casa, leí un rato el libro de cuentos de Alejandro Jodorowsky que me acompañó hasta Bilbao, y volvió sin ser abierto más que 10 minutos antes de aterrizar en Barajas.
Todavía pienso en el relato del monarca, la esclava y el herrero.