domingo, 3 de diciembre de 2006

Tragicomedia, arte y gatos

AOG, Londres


Hay días en los que las cosas que ocurren son trágicas, hasta que se las cuentas a alguien. Y te mueres de risa al hacerlo; y te das cuenta de que sí, son trágicas, pero no de la manera que pensabas. Son trágicas por ser únicas.

Empecé el día buscando galerías de arte. Primero fui al White Cube Gallery en Hoxton Square. Hacía años que no iba por ahí. El espacio no está del todo mal, pero la exhibición me pareció un poco fracasada. Tres paredes y 5 cuadros enormes de una temática casi idéntica. La artista Carroll Dunham. Algo faltaba. Luego, en la planta superior, más o menos lo mismo. Los genitales de un humanoide.

Después, me puse a buscar la galería Store. Se supone que estaba en el numero 92 de Hoxton Street, pero no. Se ha mudado al #27.

En el # 92 hay un galería privada llamada Associates. Llamé a la puerta y entré. Había una exhibición conceptual preciosa. Pero la pena es que estaba desaprovechada. El espacio es mínimo.

Según entras, hay unas luces rojas como de láser que cruzan la habitación de techo a pared y de lado a lado que te hacen pensar que acabas de llegar al rodaje de Misión Imposible.

En las paredes se proyectan dos imágenes de las artistas (Kim Coleman y Jenny Hogarth) como si fuesen fantasmas.

En la ventana, debajo de una mesa de cristal, contra la pared. Muy conceptual todo. Después resultó que los láser son un nuevo material que puede conducir luz muy bien. Parece cuerda fosforescente.

El problema es que el espacio es tan reducido, que tienes la cuerda en la cabeza y entre los pies y no puedes andar ni obtener una perspectiva del espacio que no sea a primer plano.

Lo positivo de esta experiencia es que la curator (que no es la dueña) resultó ser una chica chilena que está haciendo una colaboración con una fotógrafa italiana (Ottavia Castellina) que está montando una exhibición sobre la inmigración a Londres. Intercambiamos contactos y espero poder hablar con ellas dentro de poco.

Después me dirigí hacia Store. Llamo a la puerta. Me contesta una chica. Me abre la puerta. El edificio está en obras y no sabes hacia donde tirar. Subo las escaleras y llamo a las puertas según llego a ellas. Nadie abre. Bajo las escaleras. Otro chico está haciendo lo mismo detrás de mí. Él ha visto una puerta en la planta baja. Vamos los dos. La puerta está entreabierta.

La ayudante de la galería resulta ser una chica turca con muy malos modales que le dice al chico que lo siente, pero que ella no sabe nada de su portafolio. Cuando él le explica que ha venido desde Norwich a buscarlo porque le escribieron diciéndole que lo haga la chica no se inmuta. Se pone un poco borde. El chico se exaspera.

Después fue mi turno. Ni le interesa quien soy, ni que hago ahí, ni nada de nada. Le interesa únicamente seguir leyendo la pantalla de su ordenador. Te habla sin mover la mirada de la pantalla. ¿Estaría viendo YouTube Ankara? Trato de hacerme el simpático pero nada.

Me voy y, afuera, veo al chico en cuestión. Le pregunto si es artista. “Bueno, sí, no lo sé. Creo”. Le empiezo a hacer preguntas y me dice “Escuché lo que pedías ahí dentro. No sé si te servirá lo que yo hago”.

Le pregunto que hace.

Bueno, hago esculturas de arcilla y luego hago fotos de mis gatos mirándolas”. Ajá.

No. Yo tampoco creo que es artista. Creo que es psicópata.

Pero seguramente me comeré mis palabras cuando este chico gane el Turner Prize un día de estos. Se llama Rob Filby.

Continúo.

Voy hacia Broadway Market, en Hackney en autobús. Veo a dos galeristas. Uno no me sirve. El otro un poco más. Hay un chico que hace piezas súper interesantes que se llama Yak Boew Seah. Produce lo que se llama muebles urbanos. Cosas cómo señales de tráfico, asientos etc. Son parecidos a los de verdad. Y ese es su arte: nadie sabe que no son de verdad. La gente no se suele dar cuenta hasta más adelante.

Después de eso, cogí un autobús que me llevó por una parte de Londres la cual no piso desde 1994. De repente me encontré delante del Hackney Empire. El primer teatro donde actué en una obra. Se me había olvidado completamente el sitio, la calle, el barrio. Todo está cambiado. Limpio. Hay negocios y tiendas. Sobre todo de vietnamitas.

Después al Soho. Ceno con Madame Mère y a casa. Vienen 2 amigos a ver una película. Te doy mi ojos. La tengo que ver porque he de entrevistar a Paul Laverty, quien está casado con la directora, Iciar Bollaín.

A eso de las 3 am me acuesto.

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