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viernes, 3 de diciembre de 2010

Ángeles caídos


AOG, Madrid

Hoy me encontré con un poco de tiempo entre las manos, y decidí darme un gusto. 

Me fui (que levante la mano el que ya lo sabía) a tomar un café al Diurno y me llevé un libro de ejercicios de escritura que compré hace más o menos un año cerca de la Plaza de Santa Ana, y que ha estado olvidado en una repisa desde entonces: Taller De Escritura, 1303 Ejercícios De Creación Literaria. De Felipe Montes.

No es que estuviese olvidado, pero no le prestaba mucha atención; fiel y perturbante reflejo del añito que he vivido.

Sin embargo, hoy decidí que haría un esfuerzo y me dediqué a escribir unos 30 minutos. 

No fue fácil. Más bien al contrario. El encontrar un ejercício que me gustara fue bastante dificil. Sin embargo, al final lo conseguí. 

Hice el ejercicio número 854: LOS ÁNGELES CAÍDOS. 

Se trata de escribir el monólogo interno de uno de los ángeles caídos.

El escrito me tomó unos 30 minutos en escribir. 

Fue extraño y no creo que nadie que sea Cristiano lo podrá leer sin molestarse. 

Claro, no lo escribí para incordiar a nadie, pero el tema es jugoso. A la vez trascendental. Y da mucho de sí.

Antes de escoger el ejercicio 854 descarté uno que me pedía poner un anuncio donde busco personajes, un sitio donde ambientar la historia y la trama. 

No me gustó al principio, aunque luego pensé que si la gente me escribía con esa información sería interesante. 

También descarté un ejercicio que versaba 'Ella lo mató', a partir del cual había que hacer un pequeño relato, y el ejercicio que se titulaba 'Tuerca', en el que había que escribir una frase, y pasarle la hoja al compañero de al lado, que seguiría la historia, y así sucesivamente hasta que acabase la historia. 

Al estar yo solo, esta instrucción sería dificil de llevar a cabo.

Pero surgió una idea mientras escribía. Quizá rara. Quizá inalcanzable. Aún no lo sé.

Me explico.

Hace un par de semanas vi, casi por error, la película Julie & Julia. Confieso que no me gustó.

La parte de Streep sí, claro. Pero la parte moderna me pareció continuamente desangelada. 

Sin embargo, dicha cinta me dio una idea que tiene que ver con ella. 

En este film, resulta que una chica decide hacer durante un año las recetas del libro de cocina de Julia Child y contarlo todo en un blog. 

No, a mi no se me ocurrió hacer 500 recetas en un año. 

Pero sí se me ocurrió que podría hacer 50 ejercicios de escritura en 50 días. 

Bueno, al principio se me ocurrió que podría hacer los 1303 escritos que el título del libro sugiere. Pero creo que no me puedo comprometer a hacer todo eso. 

Y ni siquiera creo que pueda hacerlo durante 50 días. Lo cual es curioso ya que escribo a diario, aunque no de manera creativa. 

En fin, me lo estoy pensando.

martes, 31 de agosto de 2010

Observaciones

AOG, Madrid

Extraño día ayer. Vuelta a la oficina. La verdad que lo primero que experimenté fue aquel "¿Y como era que era todo?" nada más encender el ordenador. 


 El ocio me había borrado todo el conocimiento previo a mi partida hace tres semanas más o menos. 

Pero no hay que perder la esperanza, la rutina, tan poco sutil ella, pronto me recordó claves, usuarios y demás gajes de la profesión para poder desarrollar mi trabajo.

Por la tarde, hecho polvo, decidí irme al Diurno un rato. 

Hace poco más de un mes, encontré en uno de mis muchos cuadernos de escritura un relato que está en proceso de construcción. De momento consiste de tres piezas que se unen de alguna manera. El caso es que está escrito a mano, y quería trascribirlo a máquina. 

Estuve unas dos horas y media escribiendo durante las cuales me di cuenta que, de verdad no nos enteramos de mucho de lo que nos rodea. 

Unas chicas que tenía casi enfrente se fueron, y vino el camarero a recoger la mesa. Me miró y me preguntó si había una chica rubia en aquella mesa. 

Pensé un momento, y dije que no.  No recordaba a ninguna rubia.

Resulta que se habían dejado las gafas de sol.

Unos segundos más tarde, apareció la chica, rubia, y su compañera. Se sentaron a mi lado un buen rato más. 

Me pareció curioso que cambiaran de sitio pues no fueron de mejor asiento a mejor asiento.

No me había dado cuenta de ellas antes. Me sentí un poco tonto. 

¿Cuantas veces en la vida nos pasa que no nos percatamos de nuestro entorno?

Seguí trascribiendo y al poco rato se sentaron a mi derecha un grupo de chicos de esos que hablan incesantemente, en voz alta, y no dicen nada en absoluto. 

Para rematar la velada, un grupo hispano-italiano hizo lo mismo a la izquierda. 

Menos vocífero que el primero, me percaté de la belleza de una de las chicas. 

Era como una Rossy de Palma pero sin lo que hace de Rossy, Rossy. Picassiana, pero sin ángulos tángentes.

Hormigas

Al volver de vacaciones me he topado con una pequeña invasión hormiguil en la cocina. 

Desde que vivo aquí, he visto alguna que otra hormiguita paseando por la cocina. 

Como nunca dejo comida fuera, no duran mucho y supongo que se irán a otras cocinas vecinales mejor surtidas. 

Sin embargo, esta vez en vez de una, he visto varias. No sé si el calor las ha multiplicado, o si han encontrado algo de comer. El caso es que son de pedigrís distintos. Algunas son grandes, y otras son pequeñas. 

Y no, no son amigas ni son del mismo hormiguero (que a saber dónde está ubicado). 

Todos hemos visto esos documentales en los que dos ejércitos hormiguiles se enfrentan en las selvas amazónicas y se descuartizan vivas. 

De momento, la cocina ha adquirido la apariencia de un campo sacrosancto, y no he visto ninguna batallita insecta ni cuerpos inertes por la encimera.

domingo, 29 de agosto de 2010

Día domingo de verano

AOG, Madrid

Hoy se ha terminado la botella de Tommy Hilfiger que compré en EEUU hace seis años.

Hubo un periodo de tiempo en el que dejé de usar colonia porque me afectaba a los pulmones, por lo que ha durado tanto tiempo, pero aún así me sorprende que haya durado tanto. 

Me acuerdo de dónde y cuando la compré, por eso hoy, al terminar el último spray de la misma, me volví en el tiempo.

Estoy sentado en el Diurno, y es el último día de vacaciones. Mañana vuelven la normalidad y, también, el tedio. Es decir, vuelvo a la oficina y mi vida sigue. 

Es curioso que trabajamos para que nos permitan durante algunas semanas (para algunos pocas, para otros demasiadas) olvidarnos de que trabajamos en un sitio y que toda nuestra vida depende de este trabajo. 

Mienten quienes dicen que los americanos viven para trabajar y los españoles trabajan para vivir. Vivimos para trabajar todas las personas que, hoy día, tenemos la suerte (para otros la desgracia) de tener un empleo.

A mi derecha hay dos hombres gays. Uno de treinta y pocos, y el otro de cuarenta y algo. Canas y arrugas le delatan, pero más lo hace sus comentarios que tengo a pie de oreja: “Eso de que masturbarse da granos es ridículo porque cuando tienes 40, te sigues masturbando y tienes o no granos”, le dice a su amigo.

Esta mañana amanecí en la ciudad de Valladolid la cual he conseguido, una vez más, visitar sin apenas ver más que dos calles. He tenido la suerte este fin de semana de conocer una persona nueva, recién llegado al mundo. Todo en él es nuevo y pienso en la edad que tendré cuando el cumpla 20 años y me estremezco. Su padre, mi pareja y yo desayunamos en la terraza del hospital donde nació. Pagué el desayuno con un billete de 20 euros. Al darme el cambio, la camarera me dijo algo que no entendí del todo:

-Lo siento pero te he estropeado el billete-
-¿Cómo?-
-Que te he estropeado el billete, mira-, me dice al darme el cambio.
-Ah, vale-, le respondo sonriendo.

¿Era una expresión moderna? ¿Era una expresión antigua? (no olvidemos que, cada vez más, lo moderno es lo antiguo y lo antiguo, moderno).

Los chicos de mi izquierda siguen hablando.

-Si ahora se me acercara el chico más guapo del mundo con 19 años y quisiera follar conmigo le diría que no. Lo siento. Podría ser su abuelo, pero no me ponen. Y mira que los veo guapos- le dice a su compañero que viste una camisa de rayas azul y blanca.
-Los veo por la calle y me saltan chispas de los cojones de la alegría, pero no. Tuve un novio de 29 y era demasiado joven para mi. Si tuviera 34 yo estaría más a gusto-

Su amigo le escucha. De los dos es el que habla con voz más baja, y no sé lo que le suele decir al otro.

La razón por la que escribo hoy este post, es por que el anti joven, lleva una camiseta del PSOE de hace un par de años.

Lleva el lema “Construyendo” y “Orgullo 08”.

Me sorprende mucho que lleve esa camisa. 

¿Quién lleva una camisa política de hace sólo un par de años? Supongo que algo del PSOE de, digamos, 1983, o algún eslogan de la última etapa de González, pues hasta puede tener su punto. Pero ¿moderno es portar una camiseta usada de hace dos años? 

Digo usada por las reglas de los coches, que una vez cumplidos los 25 años, sea el modelo que sea, es un clásico, y hasta ese momento, no deja de ser un automóvil usado.

Suena Eva Cassidy en el Diurno y al principio la confundo con Norah Jones, que nos acompañó los desayunos en Estambul hasta hace pocos días. 

El mismo disco, ¡día tras día!

Supongo que él piensa que le hace moderno llevarla. Proclama su afiliación política a la vez que su sexualidad (o al menos, que está de acuerdo con esa sexualidad). También proclama que él, no como los demás, es progre.

Progre entre los demás gays que poblamos el Diurno en este momento y nos limitamos a ir vestidos sin eslóganes, o al menos, con eslóganes comerciales -el tan de moda últimamente Abercrombie & Fitch, ropa deportiva sobre personas deportivas, algunas, y sedentarias, otras, o camisetas de Pull & Bear y La Martina-.

-Es que ya quisiera ser como Carmen Lomana-, dice su amigo.
-Ya, ella está divina con la edad que tiene. Ya quisiera yo estar así. Pero habría que verla cuando se despierta y no está arreglada-, le responde.

Mi camarero favorito me regala un zumo de naranja y me dice que “invita la casa”.

Es mi camarero favorito porque le hizo mucho la pelota a Madame Mère cuando la conoció la pasada primavera y, de vez en cuando, me pregunta por ella. 

Hoy viste una camisa polo rosa salmón y unos bermudas beige.

-¿Tenéis Internet aquí?-, le pregunto después de darle las gracias por el zumo regalado.
-No, no tenemos-, me responde un poco a la defensiva.

Sube el nivel de sonido en el Diurno y los chicos a mi izquierda se levantan y se van. En parte voy a echar de menos su compañía fantasma porque con su partida, se acaba la incepción de este post.

El sábado pasé, por primera vez, cerca del archivo de Simancas. Me pareció pequeño. Ahí no pueden caber casi dos milenios de documentos. Sobre todo si uno lo compara con el archivo de Kew, donde apenas caben unos cuanto siglos de historia británica, y es un complejo arquitectónico inmenso. Me pregunto dónde guardaran todo.

Antes de salir de casa pensé en llamar a algún amigo, ya tengo ganas de verles después de una ausencia de tres semanas. Pero no lo hago. Pienso que tienen derecho a tener un día más de vacaciones sin mí.

En 2006 viajé a Oviedo en autobús, invitado a presenciar una conferencia de uno de los Galardonados con el Premio Príncipe de Asturias. En el camino, no muy lejos de donde estuve este fin de semana, recuerdo que vi un cartel que decía 'Tordesillas'.

 Me emocioné al estar tan cerca del sitio desde el cual se dividió el planeta en dos, una mitad hispánica, y la otra lusa.

Este fin de semana estuve a punto de ir ahí, pero no se pudo. Los papás del recién nacido no pueden alejarse mucho del retoño por si acaso. Los entiendo. 

Me dicen que pronto echaran en cuenta mi presencia por Barcelona para hacerles de canguro, y me enseñan a cambiar pañales. Claro, ahora es fácil. Los desechos del bebé no huelen apenas. Todo es pequeñito.

 Pero estos seres crecen, y rápido, y algo me dice que para cuando me toque hacer de babysitter, esos desechos tan inodoros ahora, habrán adoptado esa cualidad tóxica tan propia de su naturaleza.

Antes de partir, se sientan a mi lado dos chicos nuevo. Uno de ellos con la cabeza rapada, camisa roja, y las cejas muy pobladas. 

El otro lleva un pendiente, y lleva puesta una camiseta gris y rosa proclamando su pertenencia al club deportivo de algún hotel de la costa.

Mañana vuelvo a la oficina.

Dentro de unos cuatro meses se acaba el año y Zapatero dice a la prensa que sin presupuestos, no puede seguir la actual legislatura.

¿Tendremos elecciones anticipadas antes de diciembre?

Salgo del Diurno y me tropiezo con una chica que lleva uno de esos vestidos de falda larga estilo sábana que no entiendo como la mantienen fresca por debajo. Yo estaría asado vivo.

Al llegar a casa, me llama un amigo y quedamos a tomar algo a las 23:00. 

No necesitaba vacaciones de mi, de hecho me esperaba. Podré dormir tranquilo esta noche.

miércoles, 2 de junio de 2010

Cliente a pesar de todo

AOG, Madrid


Hay un sitio del que escribo mucho porque voy mucho a él: Diurno

Se trata de una cafetería modernilla que está en Chueca y que me encanta, francamente. Se llama a si misma "drugstore cultural".

Desde que estoy en Madrid, he visto como ha ido cambiando poco a poco. 

La dirección ha hecho cosas que me parecen absurdas, y otras que me parecen un acierto. 

Así han pasado varias temporadas en las que he ido o no según los cambios del momento. He llevado a familiares, a amigos, a conocidos y hasta a desconocidos al sitio. Es un buen punto de encuentro.

Hace algunos meses, por fortuna, Diurno consiguió quitar la cámara de gas que dividía el local en fumadores y no fumadores. 


Era una especie de jaula de plástico con ventanas que lo único que lograba era que el humo de la misma pasara a los que nos sentábamos en la zona de no fumadores. 

Muchas veces, si estaba vacío o casi, me sentaba en la zona de fumadores que es donde se econtraban los sofás.

A los fumadores los mandaron a otra sala, subiendo unos escalones y ahí han vivido sin molestar a nadie y sin que nadie los moleste.

Bueno, la sorpresa de la semana es que han cambiado la zona de los sofás. Han cambiado los sofás, eso lo primero. 

Ahora hay unas cosas parecidas, aunque más altas, y con menos fondo. 

Enfrente de ellos, han puesto varias mesas atornilladas al suelo de cemento. Unas dos por sofá.

¿Qué parece? Parece un McDonald's, es lo que parece. Y no digo eso de manera negativa, al fin y al cabo esa empresa gasta millones en la decoración de sus locales y no dudo que parte del gasto vaya a que la gente esté cómoda, pero por poco tiempo. 

Supongo que los dueños del Diurno querrán que ocurra algo parecido. Aquella comodidad ha desaparecido.

Supongo que si fuese dueño de ese local, me interesaría mucho que la gente venga, compre, y se vaya lo más pronto posible para que entre gente nueva -de siempre el Diurno ha tenido mucho público y no es raro ir para no encontrar asiento y volverse a marchar-, y consuma. Lo entiendo. 


Pero como no soy dueño, y lo que soy es cliente, me molesta que esa zona sea menos cómoda que antes. 

Es una pena. Y me imagino que nos toca sección "Sofá McDonaldizada" por un largo tiempo. 

En fin...


lunes, 30 de noviembre de 2009

Momentos dominicales en Diurno



AOG, Madrid


¿Qué me molesta del Diurno? Tantas cosas. Quizá ninguna. Es curioso como uno puede amar y odiar algo a la vez. Bueno, odiar, no odio el Diurno. De hecho, si no existiese, mi vida en este barrio madrileño sería distinta.

Ayer volví de Bilbao. Estuve menos de 48 horas. Lo primero que busqué a la luz del día fue un substituto al Diurno, si tuviese que vivir ahí.

No vi nada parecido. No vi sucedáneo hasta llegada la noche del primer día. Y entonces encontré un sitio que podría hacer las veces de, si tuviese que vivir en Bilbao.

¿Y por qué pienso esto? Por que siempre pienso en que me iré del sitio en donde estoy.

¿Y por qué pienso esto? Porque siempre acabo yéndome del sitio en donde estoy.

Al volver a Madrid, dejé la maleta en casa, cogí el Mac, y fui corriendo al Diurno. Y lo odié....(pero sólo un ratito).

Lleno de gente, de ruido. Todas las mesas ocupadas. Compré un café con leche (no digas café au lait que no te entienden) y un croissant con jamón y queso (¡moría de hambre!).

Estuve unas dos horas y media. Escribiendo acerca de mi reciente viaje a Japón.

Leyendo blogs nuevos que voy encontrando por ahí.

Meditando.

Y viendo lo que me rodeaba. Gente haciendo ruido. Gente que hablaba. Gente en compañía. Amigos con amigos; amigas con amigos; amantes. Desconocidos todos.

Y el único sólo, yo.

Al cabo de un rato, de muchos ratos, le gente empezó a dispersarse. Bajó el ruido. Disminuyó el bullicio. Empecé a perder el odio inicial. Ya me molestaba menos.

Tenía 55% de batería todavía en el Mac, pero estaba sin fuerzas para seguir escribiendo acerca de Japón. Tenía algo de sueño. De cansancio. Hasta de frío.

Miré a mi alrededor. Éramos pocos. Había mesas vacías por todas partes. Vacías y limpias. A mi derecha me percaté de la presencia de otro internauta/escritor, también con el Mac encendido.

Pensé en comprar otro café, pero pensé mejor en irme a casa.

En la calle hacía frío. Madrid y sus fríos húmedos de montaña en Otoñocasiinvierno.

Al llegar a casa, leí un rato el libro de cuentos de Alejandro Jodorowsky que me acompañó hasta Bilbao, y volvió sin ser abierto más que 10 minutos antes de aterrizar en Barajas.

Todavía pienso en el relato del monarca, la esclava y el herrero.