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domingo, 21 de septiembre de 2008

Crisis, dineros y gatos

AOG, Madrid


En mi barrio seguimos en crisis. Lo digo porque la mafia robagatos sigue en su empeño de hacerle la vida imposible a mis vecinos.

Crisis a nivel 'gato'

Hace un par de días vi otro anuncio donde se pide información acerca del paradero de

un minino muy amado. Persa. Este anuncio es más educado que el último que vi hace no tanto. Quizá por ser el primero los dueños han optado por la vía educada. Sobran los porfavores y los gracias.

Hace unas semanas estuve en Menorca. Resulta que ahí, o al menos en Ciutadella, la mafia robagatos también tiene sucursal.

Vi al menos 2 anuncios esparcidos por la ciudad.

Pensé que era cosa sólo de mi barrio pero no. Es una epidemia nacional, o al menos eso parece.

Crisis a nivel 'niños'

La semana pasada fui a Londres el fin de semana y no vi ningún anuncio de gatos perdidos. Increíblemente sí que fui ligeramente amonestado por una señora de credibilidad cuestionable que pedía fondos para ayudar a la búsqueda de niños perdidos. O robados.

Normalmente este tipo de operaciones se ganan mi apoyo dada la naturaleza de las mismas, pero en esta ocasión, algo en ella me hacía dudar. ¿La razón? En Reino Unido no se suelen hacer ese tipo de colectas.


Para animales sí.

Estoy harto de ver mesas en todos los puntos céntricos de cualquier ciudad, pueblo, o aldea británica, pidiendo dinero y, of course, apoyo moral, para acabar con la crueldad contra los animales.

Fotos y esquemas a todo color y de un gráfico espeluznante te explican cómo ese abrigo de piel de zorro acabó en tus manos y cómo quedó el zorro después del proceso. Idem con los cosméticos y los conejos. Foto tras foto de conejo mutilado, con los ojos hinchados, mutantes, etc.

Todo para que ayudes a obligar a la industria cosmética para que no hagan pruebas con los Bugs Bunny de turno para que tú te puedas comprar sombra de ojos de Guerlain. Por no hablar de las famosas campañas anti el famoso burro español al que año tras año los lugareños de algún pueblo ibérico han emborrachado.

A todo eso estoy acostumbrado.

También lo estoy, dado el estatus mundial de la capital británica, a un sinnúmero de solicitantes de ONGs como Amnistía Internacional (organización que admiro y que parece ser que el Gobierno Español, independientemente del partido en el poder, aborrece), The International Campaign to Ban Landmines, The Climate Action Network, Trade Justice Network, Oxfam, a la vez de cosas como UNICEF o la
The World Court Project etc. que yo aún no he visto en Gran Vía o en el Passeig de Gracia. Será que en España contribuimos a otras cosas menos internacionales.

A lo que no estoy acostumbrado es a que los británicos pidan dinero para encontrar niños perdidos. Niños víctimas de minas sí, niños raptados.... supongo que sí, pero menos.

Total, que la señora no me inspiró confianza alguna. Igual me equivoqué.

El caso es que estaba con un amigo escocés, y él también la miró con cara de “¿y esta?”. Bueno, igual pasó eso de mal de muchos consuelo de tontos.

Crisis a nivel 'comercial'

También he visto que algunos negocios empiezan a cerrar. Bares y restaurantes. Algunos de diseño y otros de no tanto diseño (el tan famoso ‘national cutre-look’ de barrio). El caso es que se nota que algunos negocios no están funcionando.

No me gusta que la gente se quede sin trabajo, pero menos me gusta que los marchantes traten de aprovecharse del consumidor.

Este sábado fui a una óptica con mi pareja a ver gafas de sol. Nos parecieron caras (160 euros por unas gafas Oakley) y decidimos irnos sin comprar nada. El dependiente lo oyó, y ni corto ni perezoso nos soltó un “Os puedo hacer un descuento de 30 euros” que nos pareció gracioso.

No el descuento, sino la necesidad angustiosa de vender un producto de plástico que se vende a precio de oro, a precio de plata.

La óptica en concreto no está ubicada, está ubicadísima en pleno barrio de Chueca-Justicia, en teoría, la zona más chic de la capital. Y los precios están a juego. Sin embargo, en tiempos de crisis, ni gafas, ni monerías. Ni a precio de plata.

Crisis a nivel 'cliente'

Entiendo que el alquiler sea caro, pero siempre me he asombrado, sobre todo desde mi estancia londinense, en un factor tan básico como el factor consumidor. Mientras que en EEUU los negocios se molestan en tratar al cliente como rey, en Europa se molestan en hacer precisamente lo contrario.

Ahí, por suerte o por desgracia, el cliente siempre espera hacerse con una buena compra. En Europa igual, pero no lo conseguimos.

Más allá de las rebajas de El Corte Inglés, y eso que según qué y cuándo, en España, como en Reino Unido, como en Francia, lo de bajar los precios es algo que los negocios prefieren no hacer ni a tiros.

Yo siempre he pensado que siempre venderás más naranjas a 50 céntimos que a 2 euros. Y sin embargo, siempre las venden a 2 euros. Hasta en tiempos de crisis.

Pésima costumbre.

Crisis a nivel 'costurera'

Hace un par de días volví a ir a la costurera para que me recoja el bajo de un pantalón. “Me acordé mucho de usted el otro día”, me comentó. Resulta que tuvo una reunión con otras señoras de la empresa y los jefes “!Echaron a una de las buenas¡”, me dijo. “Menos mal que no dije nada”, me explicó, “tenía usted razón”.

Se la había dicho antes, en tiempos de crisis no hay que dejar de trabajar. Es un error garrafal.

Me alegro que la señora costurera no se dejó llevar por las pasiones. Igual en vez de haber sido “una de las buenas” a las que echaron, podría haber sido ella. Una de las normales. Como todos.

Nadie somos indispensables. Ni como empleado, ni, al menos en Europa, como cliente. Aunque esto último, que se lo digan a aquellos comercios que cierran. Claro que las razones serán muchas, pero seguro que el precio de las cosas influyó a la caída.

¿Crisis a nivel 'chino'?

Curiosamente, los chinos de mi barrio no cierran.

Pero los gatos desaparecen.

En mi barrio seguimos en crisis.

domingo, 10 de agosto de 2008

La mafia robagatos

AOG, Madrid



Este verano, mi barrio está sufriendo una, a mi ver, autentica plaga de robagatos.

Desde hace un par de semanas, según voy camino del metro, he visto algunos anuncios fotocopiados, donde se pide por el paradero de algún gato.

Normalmente el minino en cuestión es de buena raza y era gatito. El primero de ellos me pareció muy triste. Nunca había visto este tipo de anuncios desde que me fui de EEUU.

Ahí sí es (o era) muy normal poner un anuncio preguntando por un gato perdido que, con un poco de suerte, volvía a casa al poco tiempo.

Momento flashback:

Mi hermana perdió un hurón con 13 años que se llamaba Simon porque ella era fan de Duran Duran en aquél entonces. Escribimos un anuncio con la descripción y una foto de Simon y lo colgamos por todo el barrio. Además ofrecíamos una recompensa de, me parece, 20 dólares.

A los dos o tres días un vecino apareció con Simon en brazos. Mi hermana se puso muy contenta puesto que nadie pensábamos que el hurón iba a volver a casa. Por lo general son animales no muy dados a la domesticidad y les encanta vivir fuera de casa. No quiso cobrar la recompensa, pero sí aceptó que le invitásemos a cenar algún día.

Pues esa escena del reencuentro inesperado con Simon me vino a la cabeza cuando leí el primer cartelito fotocopiado.

No tiene chip porque es muy pequeño todavía”, rezaba el cartel a blanco y negro.

Una semana después, vi otro cartelito fotocopiado y pegado con papel celo a una farola avisando de que habían encontrado un gato de raza tal, color cual, sexo éste u otro.

Confieso que en cuanto lo leí pensé “¡Ajá! Una mafia robagatos se apodera del barrio”. Así de cínico soy a veces.

Pues hace dos días, de nuevo, un gatito persa está extraviado y su familia lo busca. Esta vez el que habla es el gatito. "Hola, me llamo "X" y estoy perdido....".

El identikit del mismo lee muy parecido al primero, aunque se trata de otro gatito y, al menos por lo que deduzco del número de móvil, parece ser otra familia. El tono del anuncio está dirigido a un público más dispuesto a estar conmovido. Si está raptado el gatito, me pregunto si el tono de primera persona del cartel enternecerá al captor, o al cuidador. Según tengo entendido, en la humanidad, quedarse con un gato que aparece en tu ventana es lo más normal del mundo. No hace falta ser un malandrín para hacerse con un felino. Ellos vienen.

La verdad no sé si esto de raptar gatos es algo que pasa mucho en Madrid o no, pero desde que llevo en este barrio (febrero del 2006), nunca he leído semejantes carteles.

No sé si veré alguno más antes de septiembre. Espero que no, por los gatitos, claro.

¿Habrá una mafia de verdad o es que los gatitos, como las abejas, desaparecen así como así sin explicación?